El gobierno y los distintos grupos políticos hablan del gran porvenir que tiene el país y presumen todo lo que han logrado, mientras se enfrentan, cada vez con mayor contundencia, en pugnas y se meten mutuamente zancadillas, con la vista puesta en la contienda electoral de 2012 que renovará al Ejecutivo y al Legislativo federales.
No nos hagamos ilusiones. Están en la suya y no van a atender las necesidades de la población, ni en empleo, ni en mejores salarios. Y los negocios se enfrentarán con una caída de exportaciones, sobre todo por Estados Unidos, y a descenso en ventas por un mercado interno que seguirá deprimido en lo que resta del año. La gente, los clientes, tienen menos dinero, y lo van a aplicar a resolver sus necesidades básicas. No comprarán bienes duraderos, no contraerán créditos, no viajarán, evitarán los objetos de lujo u onerosos.
Para los sectores productivos esta coyuntura es paralizante. Pero el empresario no tiene que ir a que le lean la mano, le echen cartas o le revisen su futuro en el iris de sus ojos. Lo que tiene que hacer es informarse mejor, planificar, buscar las áreas de negocio donde conviene consolidar, y prepararse para la siguiente etapa, con mayor desarrollo, ventas y utilidades que el actual.
De acuerdo con 30 grupos de análisis financiero y económico en el país, nacionales o subsidiarias de foráneas, consultados la semana pasada por el Banco de México, en lo que resta del año hay que prepararse para resistir las operaciones actuales, prepararse incluso para un 2011 ralentizado, aunque menos que el segundo semestre de 2010, y si nos va bien en la coyuntura político-electoral, prepararse para un 2012 que puede ser, por el contexto internacional y la dinámica nacional, mucho más prometedor.
¿Qué tiene que hacer y qué evitar? No invierta ahora, más que en mejora de procesos actuales, y destine una parte de sus recursos para conocer más de su clientela, y sus necesidades. No lance nuevos productos, porque los mercados están deprimidos, y más bien mejore la logística de distribución y comercialización de su oferta actual. No castigue más a su planta productiva; por el contrario, le conviene capacitarlos y estimularlos, con base en incentivos por productividad.
Éste no es un tiempo malo. Es una pausa interesante para el empresario que puede aprovechar para concentrarse en los quehaceres fundamentales de su empresa y prepararse cuando llegue el despliegue del poder adquisitivo de la gente y los mercados. Y, por supuesto, es tiempo de informarse mejor sobre lo que viene para localizar ventajas frente a su competencia.
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